Los fabricantes tienen la obligación legal de diseñar y fabricar productos seguros, evitando que los mismos puedan tener efectos dañinos en los usuarios y consumidores.

Generalmente, se considera defectuoso un producto cuando no comporta el grado de seguridad que legítimamente puede esperarse de él.

Todo tipo de producto está sometido a unos estándares de seguridad para los usuarios, tanto si se trata de juguetes infantiles, como aparatos domésticos, útiles industriales, productos médicos o sanitarios, cualquier medio de transporte, etc.

Nuestro trabajo consiste en averiguar la identidad de los fabricantes y dar lugar a las pertinentes acciones de responsabilidad por producto defectuoso.

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