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¿Cómo Se Indemniza La Pérdida O Muerte De Una Mascota En Vuelo?

¿Cómo se indemniza la pérdida o muerte de una mascota en vuelo?

Es frecuente que los usuarios del transporte aéreo viajen con sus mascotas, sea en cabina, cuando por el tamaño y/o peso de la mascota la compañía lo autoriza, sea en bodega, como “equipaje” facturado.

¿Qué ocurre si la mascota muere durante el vuelo o se extravía durante las operaciones de embarque y desembarque?

Siempre que se trate de un vuelo a nivel internacional es de aplicación el Convenio para la unificación de ciertas reglas para el transporte aéreo internacional, hecho en Montreal el 28 de mayo de 1999 (aplicable a través del Instrumento de Ratificación expedido por la Jefatura del Estado y publicado en el BOE no122 de 20 de mayo 2004, página 19035), norma fundamental que rige la responsabilidad de las compañías aéreas en caso de accidente y daños a los pasajeros, remitiendo en su artículo 22 la regulación de la responsabilidad respecto al retraso, el equipaje y la carga.

En el caso de compañías aéreas comunitarias, el régimen del Convenio de Montreal de 1999 es aplicable a través del Reglamento (CE) n° 2027/97 del Consejo de 9 de octubre de 1997, relativo a la responsabilidad de las compañías aéreas respecto al transporte aéreo de los pasajeros y su equipaje, siendo entonces irrelevante que el transporte sea internacional o doméstico.

En el ámbito del Convenio de Montreal, la responsabilidad de las compañías aéreas en el transporte de animales es la misma que en supuestos de transporte de equipaje facturado, con indemnización limitada según la última actualización de la OACI de 2019 a 1.288 derechos especiales de giro (DEG), es decir alrededor de 1.400 euros, cantidad que sólo puede incrementarse si se acredita que ha habido dolo o negligencia inexcusable por parte de la compañía. Por lo tanto, los animales son considerados por este último como cosas muebles. Esto significa que, en el marco de estas limitaciones, el pasajero solo podría reclamar por encima de la limitación del Convenio en caso de poder probar la concurrencia del dolo o la culpa por parte de la compañía aérea o sus dependientes.

Es irrelevante si la mascota ha sido facturada en bodega o transportada en cabina, ya que el régimen de responsabilidad es el mismo (artículo 17.3 del Convenio).

En la sociedad actual, las mascotas ocupan un lugar relevante en las vidas de las personas y resulta anacrónico considerarlas simplemente como “equipaje”, obviando su condición de seres vivos con un significado afectivo potencialmente sustancial para sus dueños.

¿Qué piensa la Unión Europea?

Así, la Unión Europea, en el artículo 13 del Tratado de la Unión Europea y del Tratado de Funcionamiento de La Unión Europea (2012/C 326/01), considera a los animales como “seres sensibles, es decir, seres vivos dotados de sensibilidad» y exige el bienestar de éstos como seres sensibles.

A modo de ejemplo de lo que ocurre en otras jurisdicciones europeas, el Tribunal Supremo Italiano ha establecido que los canes no pueden encuadrarse, en términos estrictos, dentro de la categoría de “cosas” inanimadas u objetos sino en la categoría de seres “sensibles”, capaces como tal, de percibir el dolor y el sufrimiento, al estar dotados de sensibilidad psicofísica (Sentenze Cassazione no 54531/2016).

Esto está obligando a adaptar las leyes civiles a esta nueva realidad. Muy recientemente, el 5 de octubre de 2021, la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados ha aprobado la Proposición de Ley de modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el régimen jurídico de los animales; que introduce el artículo 333 bis en el Código Civil que considera que “los animales son seres vivos dotados de sensibilidad” y que el propietario debe ejercer sus derechos sobre él y sus deberes de cuidado respetando esa cualidad, así como «asegurando su bienestar conforme a las características de cada especie».

Reclamación por Daño Moral

Uno de los aspectos esenciales de esta reforma es que reconoce el daño moral que causa la lesión psíquica o física de un animal de compañía o su muerte a quienes conviven con éste, legitimándoles a reclamar. Resulta de igual manera incoherente que cuando se trata de daño moral infligido a un animal en otros ámbitos del derecho civil, pueda concederse una indemnización de más de 3.000 euros –es el caso, por ejemplo, de la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección 17a, 224/2011, de 4 de mayo de 2011, que acuerda una indemnización de 3.750 euros en concepto de daño moral por negligencia de un centro canino que dejó ciego al perro del propietario-y sin embargo, cuando se trata de materia aeronáutica debamos limitarnos a los 1.288 DEG, incluso en casos de fallecimiento o extravío definitivo de la mascota. Esta incongruencia del sistema sugiere la necesidad de una reforma para distinguir a los animales de un simple equipaje transportado, teniendo en cuenta la realidad que acabamos de exponer.

Una posible solución sería establecer para las mascotas un régimen de responsabilidad equivalente al de los pasajeros, en el cual la compañía aérea es responsable de todos los daños generados sin necesidad de probar negligencia alguna por parte de la aerolínea y sus dependientes, sin obligar al propietario afectado a tener que realizar un ejercicio de prueba en muchas ocasiones imposible en la práctica.

Esperemos que la OACI, y en su caso la Unión Europea, tomen nota de esta realidad y den pasos reales para tener en cuenta los derechos de los animales en el contexto del transporte aéreo.

Si usted ha sufrido de la perdida de un animal de compañía durante un vuelo o en el aeropuerto, no dude en contactar con nosotros.

Autoras: Esther Abellan Solesio & Inés Pérez Astorqui

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